Infecciones Bacterianas En El Recién Nacido

por | 19 septiembre, 2017

Infecciones Bacterianas En El Recién Nacido

Infecciones En El Recién Nacido

Durante los últimos meses del embarazo, la madre transmite al hijo anticuerpos contra las infecciones para las cuales ella se encuentra inmune. Ese tipo de inmunidad pasiva protege a la criatura por tiempo variable; unos seis meses en el caso de sarampión, algo menos de tres meses en el de la viruela, y no le proteje contra la tos ferina. Por desgracia, esos mecanismos protectores sólo actúan contra reducido número de enfermedades y los recién nacidos son muy susceptibles a casi todas las infecciones humanas.

En efecto, pueden ser víctimas incluso de gérmenes huéspedes de su propio intestino (bacilos del colon) o de su piel (estafilococos). Cuando tales procedimientos fallan, la naturaleza de la infección consecutiva ofrece complicaciones especiales en los recién nacidos.

Infecciones Bacterianas

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1. Septicemia

Se produce cuando los gérmenes microbianos patógenos invaden la sangre y se desarrollan en ella. Desde allí son transportados a todas partes del organismo y pueden causar infecciones secundarias de cualquier localización. La invasión del sistema portal no siempre es apreciable. Algunas veces proviene de una infección del ombligo, que se transmite a lo largo de los vasos umbilicales hasta el hígado y desde allí pasa a la circulación general. Otras veces la infección parece producirse por atravesar la piel normal o la mucosa intestinal o de las vías respiratorias.

Los síntomas de la septicemia no son uniformes. En algunos casos se produce ascenso espectacular de la temperatura, rápida pérdida de peso, convulsiones, ictericia y fenómenos hemorrágicos. Pueden aparecer abscesos en la piel, o esputos purulentos. Para quienes tienen experiencia, la naturaleza de la enfermedad es evidente al instante.

En otros casos el proceso se establece de manera más insidiosa. La temperatura puede permanecer normal o descender hasta cifras subnormales. El único aviso de la enfermedad puede ser la súbita pérdida de peso a pesar de ser adecuada la alimentación de la criatura.

De ordinario el personal encargado de la asistencia del niño presiente que algo va mal, pero la verdadera situación sólo puede aclararse por investigación sistemática de la infección, mediante cultivos de sangre, líquido cefalorraquídeo, y secreciones naso-faríngeas.

Infecciones Bacterianas

En todos los casos lo más importante son los cultivos, ya que el tratamiento se basa de manera principal en los antibióticos, cuyo uso racional depende de poder aislar el germen productor y determinar la sensibilidad del mismo para los medicamentos disponibles. En muchos casos, además de la terapéutica específica anti-microbiana se necesita recurrir a las transfusiones y administración de oxígeno.

El pronóstico de la septicemia depende, en gran parte, de la prontitud con que se establezca el diagnóstico y de lo atinado de la administración de antibióticos. Incluso con cuidadosa atención, la mortalidad es elevada. Si se presenta meningitis son de temer como secuelas la hidrocefalia, convulsiones, o retraso mental, incluso si se logra la curación bacteriana. Infecciones Bacterianas

2. Neumonía   

En los recién nacidos siempre es grave la neumonía. La sobrecarga que supone la infección suele exceder de la capacidad funcional de los pulmones, que apenas están preparados para desempeñar el nuevo trabajo que presenta la respiración. Por otra parte, los gérmenes causales es menos probable que respondan a los antibióticos comunes.

La infección suele deberse, casi siempre, a estafilococo, colibacilo u otras variedades microbianas del intestino, en vez de estar producida por neumococos o estreptococos. En casos excepcionales, la neumonía puede comenzar antes del nacimiento de la criatura, cuando se produce una rotura precoz de las membranas ovulares, con infección del líquido amniótico. Si se presenta en esas condiciones es difícil diferenciarla de la atelectasia.

3. Infecciones Estafilocócicas 

Hay cepas extraordinariamente virulentas y resistentes a los antibióticos que pueden ser llevados de manera inadvertida a la sala de cunas de recién nacidos o prematuros por personal contaminado en otras áreas del hospital. La prevención y control de la diseminación de estos gérmenes es difícil a causa de diversos problemas prácticos. Las personas que lo transportan a la cuna son difíciles de identificar puesto que no sólo los llevan en las infecciones triviales de la piel sino como componentes de su flora bacteriana naso-faríngea, y no presentan signos o síntomas de enfermedad.

Los propios gérmenes son difíciles de identificar, puesto que deben diferenciarse de las cepas más comunes de estafilococo mediante la técnica especial del tipo de bacteriófago. Incluso cuando se les descubre en una sala de cuna, no siempre producirán la enfermedad en los niños.

Otro factor misterioso de virulencia es necesario para iniciar la epidemia. Otra dificultad práctica reside en la breve estancia del recién nacido en la sala, lo que significa que muchas veces es dado de alta antes de que aparezcan signos de infección.

Así, aunque en la sala de cuna parecía sano, es foco diseminador de la infección, y empieza a hacerlo posteriormente en casa. Los niños que se infectan pueden tener lesiones cutáneas (impétigo, furunculosis), conjuntivitis, infección del cordón umbilical, osteomielitis, neumonía o infecciones circulatorias. En ocasiones es necesario clausurar la casa cuna.

4. Tétanos  

En Estados Unidos se puede considerar como desconocido el tétanos del recién nacido, pero en otros países donde los cuidados higiénicos que se aplican al ombligo son menos eficaces, las esporas tetánicas pueden penetrar y desarrollarse en las anfractuosidades de la herida umbilical.

5. Conjuntivitis Blenorrágica

La conjuntivitis blenorrágica (oftalmía del recién nacido) ha ido perdiendo importancia como causa de ceguera congénita, en Estados Unidos, debido en parte a las disposiciones legales que obligan al tratamiento profiláctico de los recién nacidos y, en parte también, al advenimiento de la penicilina, con la cual se logra curar la infección gonocócica tanto en la madre como en el hijo.

La enfermedad la adquiere la criatura al nacer, por contaminación de sus ojos en las secreciones infectantes de la vagina materna. Los síntomas son semejantes a los de la conjuntivitis química del recién nacido, pero en vez de presentarse, como lo hace esta última, dentro de las primeras 12 a 24 horas, aparecen del segundo al tercer día; importa establecer pronto la diferenciación, porque un retraso en el tratamiento de la conjuntivitis blenorrágica puede dar origen a ulceraciones y cicatrices en la córnea.

En ocasiones se tiene una seguridad equivocada, por suponer que en el quirófano haya instilado la solución de nitrato de plata el personal que asistió al parto.

Sin embargo, la instilación en los ojos de los recién nacidos es difícil, y algunas veces las gotas quedan fuera del saco conjuntival. Cuando se sospeche la enfermedad, deben practicarse cultivos y extensiones de pus en portaobjetos, para diagnóstico, pero el tratamiento suele instituirse antes de conocer los resultados del laboratorio. La penicilina en inyecciones, y en aplicación directa en el saco conjuntival, con intervalos breves, proporciona un pronta recuperación. Infecciones Bacterianas

6. Tuberculosis   

En los recién nacidos puede considerarse que no se conocen casos de tuberculosis, pero es necesario tenerla en cuenta como enfermedad a la cual son muy sensibles los niños. Es peligroso llevarlos en un ambiente donde establezcan contacto con personas que presenten dicho padecimiento en fase activa. Deberá hacerse todo lo necesario para cerciorarse de que no sólo la madre esté libre de esa infección, sino también los demás miembros de la familia. Cuando sea imposible cumplir tales requisitos, deberá pensarse en la vacunación con BCG. Infecciones Bacterianas

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